De Compras con Alice

Traducido por Ma. José Torres, traductora de CrepusculoChile.com

Nota de Stephenie: Van a reconocer algunos pedazos de este capítulo. Sobrevivieron pequeñas partes y fueron combinadas con lo que es ahora el capítulo 20, “Impaciencia”. Este capítulo baja el paso de la parte de la caza de la historia, pero sentí que corté mucho de la personalidad de Alice cuando lo sacrifiqué.

De compras con Alice

El auto era suave, negro y poderoso; sus ventanas eran completamente negras. El motor ronroneó como un gran gato mientras acelerábamos y nos internábamos en la noche.

Jasper manejaba con una mano, parecía que lo hacía sin la debida atención, pero el auto volaba hacia adelante con perfecta precisión.

Alice se sentó conmigo en los asientos traseros de cuero negro. De alguna manera, durante la larga noche, mi cabeza terminó en su cuello de granito, sus fríos brazos envolviéndome, su mejilla presionada en la parte superior de mi cabeza. La parte delantera de su delgada polera de algodón estaba fría, húmeda por mis lágrimas. Ahora y antes, si me respiración empezaba a aumentar, ella murmuraba dulcemente; en su rápida y alta voz, los estímulos sonaban como si los estuviera cantando. Para mantenerme calmada, me enfoqué en el tacto de su fría piel; se sentía como una conexión psíquica con Edward.

Ambos me habían asegurado (cuando me di cuenta, el pánico ya me estaba remordiendo la conciencia, todas mis cosas seguían en mi camioneta) que dejar todo atrás era necesario, algo que tenía que ver con mi aroma. Me dijeron que no me preocupara por mi ropa o el dinero. Traté de confiar en ellos, haciendo un esfuerzo por ignorar lo incómoda que estaba en la tenida de Rosalie. Era una cosa trivial para pensar.

Jasper nunca manejó el poderoso auto bajo los ciento veinte kilómetros por hora en las lisas carreteras. Parecía completamente inconsciente de los límites de velocidad, pero nunca vimos un auto de policía.

Lo único que rompió la monotonía del manejo fueron dos paradas que hicimos para llenar el estanque con gasolina. Ociosamente, me di cuenta que Jasper entró a pagar con dinero efectivo ambas veces.

El amanecer empezó a salir cuando nos encontrábamos en alguna parte del norte de California. Miré con los ojos secos (ahora) y algo enrojecidos, como la gris luz cruzaba el cielo nublado. Estaba exhausta, pero el sueño me eludía, mi mente estaba demasiado llena de perturbantes imágenes como para relajarme en la inconsciencia. La expresión de dolor de Charlie; el brutal gruñido de Edward, con dientes incluidos; la penetrante mirada del cazador; la triste expresión de Laurent; la mirada de muerto en los ojos de Edward después que me besara por última vez, se deslizaban como diapositivas frente a mis ojos, mis sentimientos alternaban entre el terror y la desesperación.

En Sacramento, Alice quería que Jasper se detuviera para conseguir comida para mí. Pero yo negué con la cabeza cansinamente, y le dije que siguiera conduciendo.

Unas horas después, en un suburbio fuera de L.A, Alice le habló suavemente de nuevo, y salió de la autopista a pesar de mis protestas. Un gran centro comercial era visible desde la autopista, Jasper condujo hasta allí, estacionándose en un lugar desocupado en el estacionamiento subterráneo.

—Quédate en el auto – le dijo ella a Jasper.
—¿Estás segura? – sonó aprensivo.
—No veo a nadie aquí – contestó. Él cabeceó asintiendo.

Alice tomó mi mano y me sacó del auto. Ella sostenía mi mano, cuidando que me quedara a su lado mientras caminábamos por el oscuro estacionamiento. Fue bordeando el estacionamiento, manteniéndose en las sombras. Me di cuenta como su piel parecía brillar con la luz que se reflejaba en la acera. El centro comercial estaba lleno, muchos grupos de compradores se paseaban y algunos daban vueltas sus cabezas para vernos pasar.

Siempre manteniéndonos alejadas de la luz del sol, caminamos bajo un puente que conectaba el nivel superior del estacionamiento con el segundo piso de los grandes almacenes.

Una vez que estuvimos dentro, bajo las luces del centro comercial, los rasgos de Alice se suavizaron— ahora parecía una simple chica muy pálida, pero con ojeras y pelo negro en punta. Estaba segura que los círculos bajo mis ojos, eran más evidentes que los de ella. Aun así captamos la atención de cualquiera que echaba un vistazo. Me preguntaba qué creían ellos que estaban viendo. La delicada bailarina Alice, con su impresionante cara de ángel, vestida con ligeras telas pálidas que no minimizaban su blancura. Me llevaba de la mano mientras me guiaba, yo caminaba arrastrando los pies con cansancio, aún vestida con la torpe pero costosa ropa. Mi pelo caía ondulado y enredado por mi espalda.

Alice me guió infaliblemente al patio de comida.

—¿Qué quieres comer?

El olor de la grasosa comida rápida revolvió mi estomago. Pero los ojos de Alice daban a entender que no conseguiría persuadirla. Le pregunté sin entusiasmo por pavo.

—¿Puedo ir al baño? – pregunté mientras nos colocábamos al final de la fila.
—Bueno – Y cambió de dirección, nunca soltando mi mano.

—Puedo ir sola—. La atmosfera general de compras del lugar me hizo sentir más normal de lo que me había sentido desde nuestro desastroso juego la noche anterior.
—Perdón, Bella, pero Edward va a leer mi mente cuando llegue aquí, y si ve que te dejé sola por un minuto…— se detuvo, indispuesta a contemplar las horribles consecuencias.

Finalmente terminó esperándome afuera del lleno baño. Lavé mis manos y mi cara lo mejor que pude, ignorando las asustadas miradas de las mujeres a mí alrededor. Traté de peinar mi cabello con mis dedos, pero me di por vencida rápidamente. Cuando salí, Alice me tomó nuevamente de la mano y caminamos lentamente a la línea de la comida. Yo me iba casi arrastrando, pero ella no parecía impaciente conmigo.

Me miró comer lentamente primero, y luego rápido mientras mi apetito regresaba. Vacíe la bebida rápidamente, mientras ella se iba por un momento, nunca apartando sus ojos de mi persona, para ir a buscar otra.

—Definitivamente es más conveniente los alimentos que tú comes – comentó cuando terminé – pero no se ve muy divertido.
—Me imagino que cazar es más emocionante.
—No tienes idea —. Mostró una amplia sonrisa de dientes brillantes y varias personas se dieron vuelta en nuestra dirección.

Después de tirar nuestra basura, me condujo por los amplios pasillos del centro comercial. Sus ojos brillaban de vez en cuando veía algo que quería, llevándome con ella en cada parada.

Se detuvo un momento en una costosa boutique para comprar tres pares de lentes de sol, dos de mujer y uno de hombre. Me di cuenta de la nueva expresión del vendedor cuando ella le pasó una desconocida tarjeta (desconocida para mí) de crédito con líneas doradas cruzándola. Encontró también una tienda de accesorios, donde compró un cepillo de pelo y bandas de goma1.

Pero ella realmente no fue al grano hasta que me remolcó al tipo de tienda que nunca iba sólo porque el precio de un par de calcetines estaba fuera de mi límite de dinero.

—Eres como talla dos—. Era una declaración, no una pregunta.

Me usó como burro de carga, llenándome con una asombrosa cantidad de ropa.

De vez en cuando la veía escoger tallas XS cuando elegía cosas para ella. Toda la ropa que escogió para ella estaba hecha de materiales livianos, pero suficientemente larga para llegar al piso, diseñada para cubrir lo máximo de piel posible. Una gran montaña de ropa con un sombrero negro coronándola, rebosaba en la caja.

La vendedora tuvo una reacción similar a la inusual tarjeta de crédito, volviéndose más servicial, y llamando a Alice “señorita”, aunque el nombre que ella dijo era desconocido para mí. Una vez que estuvimos fuera de la tienda, cargadas con bolsas, de las cuales ella llevaba la mayoría, le pregunté por eso.

—¿Cómo te llamó?
—Esa tarjeta de crédito dice Rachel Lee. Vamos a ser muy cuidadosos en no dejar ninguna clase de pista para el cazador. Vamos a cambiarte.

Pensé en eso mientras ella me guiaba de vuelta a los baños públicos, empujándome dentro de una cabina para minusválidos para que así tuviera espacio para moverme. Escuché como buscaba en las bolsas, finalmente me pasó un vestido de algodón celeste por debajo de la puerta. Agradecidamente me quité los largos y apretados jeans de Rosalie, y dando un tirón de la blusa que tenía puesta, la cual no coincidía con mi figura para nada, la arrojé de vuelta por debajo de la puerta. Me sorprendió cuando me paso un par de suaves sandalias de cuero por debajo de la puerta, ¿cuándo las consiguió? El vestido me quedaba increíblemente bien, el largo corte provocaba que flotara a mi alrededor.

Cuando salí de la cabina, me di cuenta que estaba botando toda la ropa de Rosalie a la basura.
—Guarda tus zapatillas – dijo. Las puse en la parte superior dentro de una de las bolsas.

Nos dirigimos de vuelta al estacionamiento. Alice se veía menos ahora; estaba tan cubierta por bolsas que su piel era apenas visible.

Jasper estaba esperando. Se deslizó fuera del auto al aproximarnos, el maletero estaba abierto. Como el llegó primero por mis bolsas le dio a Alice una mirada sarcástica.

—Sabía que debería haber ido – murmuró.
—Sí – coincidió, – te hubieran amado en el baño de mujeres-. Él no respondió.

Alice rápidamente cavó en las bolsas antes de ponerlas dentro del maletero. Le pasó a Jasper un par de lentes de sol, poniéndose un par ella misma. Me pasó un tercer par, y el cepillo de pelo. Y sacó una larga y delgada camisa, negra transparente, poniéndosela arriba de su polera, dejándola abierta. Finalmente se puso el sombrero de paja. En ella, el improvisado vestuario parecía salido de una revista de modas. Agarró otro puñado de ropa y enrollándolo formó una bola, abrió la puerta trasera e hizo una almohada en el asiento.

—Ahora necesitas dormir – ordenó firmemente. Avancé lenta y obedientemente al asiento, descansando mi cabeza de una vez, rizándose mi cabello a mi lado. Estaba casi durmiendo cuando el auto ronroneó de vuelta a la vida.

—No debiste conseguirme todas esas cosas – mascullé.
—No te preocupes por eso, Bella. Duerme – su voz era tranquilizadora.
—Gracias – inspiré y me sumí en un sueño incómodo.

El dolor de la posición en la que dormía hizo que me despertara. Aún seguía exhausta, pero de pronto me puse nerviosa por acordarme dónde estaba. Me senté para ver el Valle del Sol colocado justo frente a mí; la larga extensión plana de tejados, palmeras, autopistas, smog y piscinas, abrazados por los cantos rocosos que nosotros llamábamos montañas. Estaba sorprendida de no sentir el relieve, solo sentía una fastidiosa añoranza del goteo del cielo y los verdes campos del lugar que significaba Edward para mí. Sacudí mi cabeza tratando de apartarme del borde de la desesperación que amenazó con abrumarme.

Jasper y Alice estaban hablando; estaba segura que sabían estaba despierta de nuevo, pero ellos no dieron señal de que se hubieran dado cuenta. Sus rápidas y suaves voces, una baja y otra alta, se tejían musicalmente a mi alrededor. Determiné que estaban discutiendo dónde quedarnos.

—Bella – Alice se dirigió a mí casualmente como si ya fuera parte de la conversación – ¿cuál es el camino al aeropuerto?
—Quédate en la I-10 – dije automáticamente. – Pasaremos directamente por ella.

Por un momento pensé que mi cerebro seguía brumoso por el sueño.

—¿Vamos a volar a alguna parte? – pregunté
—No, pero es mejor estar cerca por si acaso – sacó su celular y aparentemente llamó a informaciones. Habló más lento de lo usual, preguntando por hoteles cercanos al aeropuerto. Estando de acuerdo con una sugerencia pausó mientras seguía conectada. Hizo reservaciones por una semana a nombre de Christian Bower, recitando a toda prisa el número de una tarjeta de crédito sin siquiera mirarla una vez. La escuché repitiendo direcciones que el operador le daba por su bien; estoy segura que no hubiera necesitado ayuda con su memoria.

Al ver el teléfono me acordé de mis responsabilidades.

—Alice – dijo cuando terminó. – Necesito llamar a mi papá – mi voz era moderada. Me pasó el teléfono.

Era tarde; esperaba que estuviera en el trabajo, pero me contestó al primer ring. Me abatí imaginándome su cara ansiosa por el teléfono.

—¿Papá? – dije vacilante.
—¡Bella! ¿dónde estás, cariño? – un fuerte alivio recorrió su voz.
—Estoy en camino – no necesitaba decirle que había dicho un viaje de tres días de manejo en una noche.
—Bella, tienes que volver –
—Necesito ir a casa –
—Cariño, hablemos de esto. No necesitas irte solo por un chico – me pude dar cuenta que estaba siendo bastante cauteloso.
—Papá, dame una semana. Necesito pensar las cosas que han sucedido, y luego decidiré si voy a volver. Esto no tiene nada que ver contigo, ¿bueno? – mi voz tembló ligeramente – te quiero, papi. Lo que sea que decida, te veo pronto, lo prometo -.
—Bueno, Bella – su voz sonó resignada – llámame cuando llegues a Phoenix –
—Te llamaré desde casa, Papá. Adiós –
—Adiós, Bells – vaciló antes de colgar.

Mientras le devolvía el celular a Alice pensé que finalmente estaba de nuevo en buenos ámbitos con Charlie. Ella mi miraba cautelosamente, quizás esperando por otro momento de interrupción emocional. Pero estaba demasiado cansada.

La familiar ciudad pasó volando por mi oscura ventana. No había mucho tráfico. Hicimos nuestro camino rápido a través del centro y luego haciendo un giro alrededor del lado norte de Sky Harbor International, convirtiéndose el sur en Tempe. Justo al otro lado del seco Salt River, más o menos a una milla del aeropuerto, Jasper salió al comando de Alice. Ella le dirigió fácilmente a través de las superficies de las calles a la entrada del aeropuerto Hilton.

Estuve pensando en el Motel 6, pero estaba segura que ellos no se preocuparían en nada de lo que concerniera con el dinero. Parecía que tenían una reserva infinita.

Nos estacionamos bajo una larga ramada y dos botones se movieron rápidamente a los lados del impresionante automóvil. Jasper y Alice salieron, pareciendo verdaderas estrellas de cine con sus negros anteojos. Yo salí fuera torpemente, tiesa por las largas horas en el auto, sintiéndome algo acogida. Jasper abrió el maletero, y el personal descargó rápidamente nuestras bolsas de compra en un carrito. Estaban muy bien entrenados para ofrecer alguna mirada de sorpresa a nuestra carencia de verdadero equipaje.

El auto estaba muy frío dentro de su oscuridad; saliendo a la tarde de Phoenix, incluso a la sombra era como si hubiera pegado con adhesivo mi cabeza en un juego de horno para asar. Por primera vez en ese día, me sentí en mi hogar.

Jasper cruzó de un tranco el vacío lobby. Alice se mantuvo cautelosa a mi lado, los botones nos seguían con impaciencia con nuestras cosas. Jasper se aproximó al escritorio con su aire inconsciente.

—Bower – fue todo lo que le dijo al recepcionista. Ella rápidamente procesó su información, dándole un diminuto vistazo al ídolo de cabello rubio parado frente a ella, traicionando su habilidad de “sutil” recepcionista.

Fuimos rápidamente conducidos a nuestra gran suite. Sabía que las dos habitaciones eran para mantener las apariencias. Los botones dejaron eficientemente nuestras bolsas mientras yo me sentaba débilmente en el sofá y Alice empezó a bailar examinando las otras habitaciones. Jasper les dio la mano a junto con una propina a ellos cuando se fueron, y la mirada que intercambiaron en su camino a la puerta era más que satisfecha; estaban eufóricos. Entonces nos quedamos solos.

Jasper fue a la ventana para cerrar bien las cortinas. Alice apareció y dejó un menú de servicio al cuarto en mi regazo.

—Ordena algo – me ordenó.
—Estoy bien – dije de manera aburrida.

Me dio una mirada sombría y me arrebató el menú. Murmurando algo sobre Edward tomó el teléfono.

—Alice, en verdad – empecé, pero su mirada me silenció. Puse mi cabeza bajo del brazo del sofá y cerré los ojos.

Un golpe en la puerta me despertó. Salté tan rápido que me deslice fuera del sofá directamente hacia el piso y golpee mi frente contra la mesita de café.

—Ow – dije, mareada frotando mi cabeza.

Escuché a Jasper reírse, y le miré para verlo tapándose la boca, tratando de ahogar su risa producto de mi entretenimiento. Alice abrió la puerta presionando sus labios fuertemente e intentando no curvar sus labios.

Me sonrojé y volví al sofá, agarrando mi cabeza con mis manos. Era mi comida; el olor de la carne roja, queso, ajo y papas se arremolinaron atractivamente a mi alrededor.

Alice movió el carrito hábilmente como si hubiera sido mesera por años, y colocó la bandeja en la mesa que estaba frente a mí.

—Necesitas proteínas – me explicó, quitando el plateado domo2 para revelar un gran filete y como decoración una escultura de papas. – Edward no va a estar feliz contigo si es que tu sangre huele a anemia cuando llegue aquí –. Estaba casi segura que estaba bromeando.

Ahora que pude oler la comida, tuve hambre de nuevo. Comí rápidamente, sintiendo como mi energía regresaba mientras los azúcares golpeaban mi corriente sanguíneo. Alice y Jasper me ignoraron mirando las noticas y conversando tan suave y bajo que no entendí ni una palabra.

Sonó un segundo golpe en la puerta. Salté de nuevo, evitando por poco otro accidente con la mitad vacía de la mesita del café.

—Bella, tienes que calmarte – dijo Jasper mientras Alice iba a abrir la puerta. Un miembro del staff del hotel le dio una pequeña mochila con el logo del hotel Hilton y se fue silenciosamente.

Alice lo trajo directamente a mí y me lo pasó. Lo abrí para encontrarme con un cepillo de dientes, pasta de dientes y todas las otras cosas necesarias que dejé en el auto. Saltaron lágrimas de mis ojos.

—Eres muy amable conmigo – miré a Alice y luego a Jasper quien estaba abrumado.

Me había dado cuenta que Jasper era el que usualmente tenía más cuidado en guardar distancia conmigo, así que me sorprendió cuando vino a mi lado y me puso una mano en el hombro.

—Eres parte del aquelarre ahora – bromeó mientras sonreía cálidamente.

De pronto, sentí un fuerte cansancio que se expandió por mi cuerpo; mis párpados eran de algún modo demasiado pesados para mantenerse abiertos.

—Muy sútil, Jasper – escuché decir a Alice con un tono sarcástico. Sus fríos brazos se deslizaron bajo mis rodillas y mi espalda. Me llevó a la cama, pero estaba durmiendo cuando finalmente llegué a ella.

Era temprano cuando desperté. Había dormido bien, no había soñado y ahora estaba más alerta de lo que estaba usualmente cuando me despertaba. Estaba oscuro, pero pude ver pequeños destellos azulados que pasaban bajo la puerta. Llegué al lado de la cama tratando de encontrar una lámpara en el velador. Una luz se prendió sobre mi cabeza, jadee, y Alice estaba arrodillada al lado de la cama, su mano se encontraba en la lámpara que estaba puesta sobre la cabecera.

—Perdón – dijo mientras yo caía de vuelta en la almohada aliviada. – Jasper tiene razón – continuó – necesitas relajarte.
—Bueno, no le digas eso a él – murmuré – si trata de relajarme más voy a quedar en coma -. Ella rió tontamente.
—Te diste cuenta, ¿eh?
—Si me hubiera pegado en la cabeza con un sartén hubiera sido menos obvio –
—Necesitas dormir – se encogió aún sonriendo.
—¡Lo que ahora necesito es una ducha! – me di cuenta que todavía tenía puesto el vestido celeste, que estaba todo arrugado como debía ser después de haber dormido con el. Mi boca tenía un sabor asqueroso.
—Creo que vas a tener una magulladura en tu frente – mencionó mientras me dirigía al baño.

Después de haberme limpiado me sentí mucho mejor. Me puse la ropa que Alice me dejó en la cama, una cazadora verde que parecía estar hecha de seda, y shorts de lino bronceado. Me sentí culpable que mis nuevas cosas fueran mucho más bonitas que las que dejé atrás.

Fue bueno poder hacer algo, finalmente, con mi pelo; el shampoo del hotel era de buena calidad y mi pelo se volvió brillante de nuevo. Se secó rápidamente gracias al secador del hotel. Tuve el presentimiento de que no haríamos mucho hoy. Inspeccioné cuidadosamente mi frente y me encontré con un moretón en ella. Fabuloso.

Cuando finalmente salí, la luz estaba alcanzando su punto máximo a través de los bordes de las gruesas cortinas. Alice y Jasper estaba sentados en el sofá, mirando pacientemente la televisión que estaba casi sin sonido. Había una nueva bandeja de comida en la mesa.

—Come – dijo Alice apuntando a la comida con firmeza.

Me senté obedientemente en el piso y comí sin siquiera darme cuenta qué ingería. No me gustó la expresión en ninguna de sus caras. Estaban muy calmados. Miraban la televisión sin siquiera prestarle atención aunque los comerciales estuvieran mostrándose. Empujé la bandeja alejándola de mí con mi estómago repentinamente incómodo. Alice miró hacia abajo, viendo con una mirada de reprobación la bandeja que aún estaba llena de comida.

—¿Pasa algo malo, Alice? – pregunté con docilidad.
—No hay nada malo – me dirigió una amplia mirada, no compré ni por un segundo sus ojos honestos.
—Bueno, ¿qué hacemos ahora? –
—Esperamos que Carlisle llame –
—¿Y debería haber llamado ya? – pude ver que me encontraba cerca del punto de tensión. Los ojos de Alice revolotearon de los míos al celular que estaba en su bolso de cuero y luego de vuelta a mis ojos.
—¿Qué quiere decir eso? – mi voz tembló y luché por controlarla, – ¿qué quiere decir que todavía no haya llamado? -.
—Solo significa que no nos tienen nada que decir aún – su voz era demasiado evidente y de pronto se me hizo difícil respirar.
—Bella – dijo Jasper con una calmante voz sospechosa – no tienes nada de lo que preocuparte. Estás a salvo aquí –
—¿Tú crees que es por eso que estoy preocupada? – pregunté con incredulidad
—¿Qué otra preocupación tendrías? – él también estaba sorprendido. Quizás había sentido el tenor de mis emociones, pero no pudo leer las razones bajo ellas.
—Escuchaste lo que dijo Laurent – mi voz era lenta, pero me podían escuchar con facilidad por supuesto. – Dijo que James era letal. ¿Qué pasa si algo va mal y se separan? Si algo le pasara a cualquiera de ellos, Carlisle, Emmett…Edward…- tragué con dificultad. – Si esa salvaje mujer hiere a Carol3 o Esme…- mi voz empezó a crecer mientras una nota de histeria empezaba a embargarla. – ¿Cómo podría vivir sabiendo que fue mi culpa? Ninguno de ustedes debería arriesgarse por mí…-.
—Bella, Bella, para – me interrumpió rápidamente. – Te estás preocupando de las cosas equivocadas, Bella. Confía en mí en esto, ninguno de nosotros estamos en peligro. Estás bajo mucha tensión con esto, no le añadas preocupaciones totalmente innecesarias. Escúchame…- porque miré hacia otro lado, – nuestra familia es fuerte. —Nuestro único miedo es perderte -.
—Pero porque ustedes deben…- Alice me interrumpió esta vez, tocando mi mejilla con sus fríos dedos.
—Ha sido casi un siglo que Edward ha estado solo. Ahora que te encontró, nuestra familia está entera. ¿Crees que alguno de nosotros podría mirarle a la cara por los próximos cien años si te pierde?-.

Mi culpabilidad disminuyó poco a poco mientras veía en sus negros ojos. Pero, aunque la calma se había extendido por mi cuerpo, sabía que no podía confiar en mis sentimientos con Jasper presente. 

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