Traducido por Ma. José Torres, traductora de CrepusculoChile.com

Nota de Stephenie: Esta sección es la peor autosatisfacción. Solamente estaba teniendo la inspiración de toda esa cosa rosa-arcoiris-y-arcos de chicas con lo de la graduación. Entren bajo su propio riesgo.
Graduación Extendida Remix
—¿Cuándo me vas a decir que está pasando, Alice?
—Ya vas a ver, sé paciente – ordenó sonriendo abiertamente
Estábamos en mi camioneta pero, ella iba conduciendo. Tres semanas más y estaría fuera de tener que caminar con el yeso, y entonces sería más firme en sacarme de encima el negocio de choferes1. Me gustaba conducir.
Estábamos a finales de mayo, y de alguna manera la tierra alrededor de Forks estaba encontrando maneras de ser aún más verde de lo usual. Era hermoso, por supuesto, y yo estaba creciendo de alguna manera reconciliada con el bosque, en mayor parte por pasar más tiempo ahí de lo usual. La naturaleza y yo todavía no éramos buenas amigas, pero nos estábamos acercando.
El cielo estaba gris, pero también eso era bienvenido. Era un gris nacarado no del todo severo, sin lluvia y estaba casi lo suficientemente caliente para mí. Las nubes eran espesas y seguras, el tipo de nubes que eran agradables para mí por la libertad que garantizaban.
Pero, a pesar del agradable entorno, yo me sentía molesta. En parte por la extraña conducta de Alice. Ese sábado en la mañana había insistido en tener un día de chicas, y ahora me estaba llevando a Port Angels para hacernos manicure y pedicure. Cuando llegamos se negó a dejarme tener el modesto rosado que quería, y le ordenó a la manicurista a ponerme en cambio un rojo oscuro y brillante, incluso fue tan lejos que insistió que tuviera los mismos tonos en mis pies.
Luego me llevó a comprar zapatos, a pesar de que yo solo podía tratar de pagar la mitad de cada par. A pesar de mis vigorosas protestas, me trajo un par de lo más poco práctico, unos caros tacones Stiletto2, se veían peligrosos, sostenidos por solo un grueso satén color arcoíris que cruzaban sobre mi pie y se apretaba en un amplio arco bajo mi tobillo. Eran de un profundo color azul jacinto, traté de explicarle en vano que no tenía nada con lo que pudiera ocuparlos. Aun con mi ropa que vergonzosamente me compró ella en L.A, muchas de ellas muy brillantes para usarlas en Forks, estaba siendo positiva en que no tenía nada en ese tono. E incluso si tuviera justo ese tono escondido en alguna parte de mi armario, mis ropas no hubieran combinado con los tacones Stiletto. Yo no hubiera combinado con los tacones Stiletto, apenas podía caminar seguramente en calcetines. Pero mi inexpugnable lógica estaba gastada con ella. Ni siquiera me discutió de vuelta.
—Bueno, no son Biviano3, pero tienen que servir –murmuró incomprensiblemente, y entonces no hablaría más hasta que liberó su tarjeta de crédito antes los aterrados empleados.
Me llevó a almorzar a uno de esos restaurantes de comida rápida que te pasan la comida a través de una ventana, diciéndome que tenía que comer en el auto pero se negó a explicarme el porqué la prisa. Además, camino a casa tuve que recordarle muchas veces que mi camioneta simplemente no era capaz de actuar como los autos deportivos, aun con las modificaciones de Rosalie, y que por favor le diera un poco de respiro al pobre. Usualmente Alice era mi chofer preferido. Parecía que no se aburría manejando a meros veinte o treinta millas por sobre el límite de velocidad, algo que algunas personas no podían hacer.
Pero, por supuesto la obvia agenda secreta de Alice era solo la mitad del problema. También estaba patéticamente ansiosa porque no había visto a la cara de Edward en casi seis horas y eso era un record en los últimos dos meses.
Charlie se había puesto difícil, pero no imposible. Cuando Edward volvió a casa se reconcilió con su constante presencia, encontrando nada con lo que quejarse cuando nos sentábamos en la mesa de la cocina a hacer las tareas, parecía que incluso disfrutaba la compañía de Edward mientras gritaban juntos a los juegos de ESPN. Pero no había perdido nada de su original severidad cuando sostenía con gravedad la puerta a las 10 en punto cada noche para Edward. Por supuesto, Charlie era completamente inconsciente de la habilidad de Edward de devolver el auto a su casa y estar de vuelta para escalar a mi ventana, en menos de diez minutos.
Era mucho más agradable con Alice, algunas veces incluso vergonzoso. Obviamente, hasta que no se cambiara el voluminoso yeso que llevaba en la pierna por algo más manejable, necesitaba la ayuda de una mujer. Alice era como un ángel, una hermana; todas las noches y todas las mañanas aparecía para ayudarme con mi rutina diaria. Charlie estaba enormemente agradecido de ser relevado del horror de ayudar a su casi adulta hija a ducharse, ese tipo de cosas estaba más allá de su zona de comodidad, y la mía también en realidad. Pero era más que gratitud que Charlie empezara a decirle como apodo, “Ángel”, y que la mirara con ojos perplejos como bailaba sonriente en nuestra pequeña casa iluminándola. Ningún humano podía fallar a ser afectado por su asombrosa gracia y belleza. Y cuando se deslizaba por la puerta cada noche y le decía con afecto “nos vemos mañana, Charlie”, lo dejaba atontado.
—Alice, ¿nos vamos a casa ahora? – pregunté enseguida. Ambas entendíamos “casa” como la casa blanca al lado del río.
— Sí – sonrío abiertamente conociéndome bien - pero Edward no está ahí.
Fruncí el ceño. – ¿Dónde está?
—Tenía que hacer unas diligencias.
—¿Diligencias? – repetí inexpresivamente. – Alice,- cambié a un tono engatusador, -por favor dime qué está pasando -.
Sacudió su cabeza mientras seguía sonriendo abiertamente.
—Me estoy divirtiendo mucho – me explicó.
Cuando llegamos a la casa, Alice me llevó al segundo piso, directo a su habitación que tenía un baño- Me sorprendí de encontrar a Rosalie ahí, esperando con una sonrisa celestial, parada detrás de una silla rosa. Una serie de instrumentos y productos de belleza cubría el largo mostrador.
—Siéntate – me ordenó Alice. Lo consideré cuidadosamente durante un minuto, y entonces, me di cuenta de que estaba preparada para usar la fuerza si era necesario, me dirigí cojeando a la silla y me senté con toda la dignidad que pude tener. Rosalie empezó a peinarme de inmediato.
—Supongo que no me vas a decir de que se trata todo esto, ¿no? – le pregunté.
— Puedes torturarme – murmuró absorbida en la tarea de peinarme, – pero nunca hablaré -.
Rosalie sostuvo mi cabeza en el lavamanos mientras Alice me lavaba el pelo con un shampoo que olía a menta y uva. Luego me secó furiosamente el pelo enmarañado y luego me roció casi una botella entera de algo más, este olía a pepinos, en mi húmeda masa de pelo y me secó de nuevo.
Luego se combinaron rápidamente a través del desorden; lo que sea que fuera lo que olía a pepinillos, logró que el enredo se comportara. Quizá debería pedir prestado algo de eso. Luego cada una tomo un secador y empezaron a trabajar.
Mientras los minutos pasaban, seguían descubriendo nuevas secciones de pelo mojado, sus caras empezaron a adquirir un tono preocupado. Sonreí regocijadamente. Habían algunas cosas que incluso los vampiros no podían apurar.
—Tiene demasiado pelo – comentó Rosalie con voz ansiosa.
— ¡Jasper! – llamó claramente Alice aunque no fuerte – ¡encuéntrame otro secador! -.
Jasper vino a su rescate con dos secadores más, uno de los cuales apuntó a mi cabeza, profundamente divertido mientras seguían trabajando.
—Jasper…- empecé esperanzadamente.
— Perdón, Bella. No tengo permitido decir nada.
Se escapó agradecido cuando estuvo finalmente secado, y esponjoso. Mi pelo se agrandó tres pulgadas de mi cabeza.
—¿Qué fue lo que me hicieron? -. Pregunté con horror, pero me ignoraron, sacando una caja de rodillos calientes. Intenté convencerlas de que mi pelo no se rizaba, pero me ignoraron, embardunando algo que era de un insano color amarillo en cada selladura, antes de ponerlo en un rizador caliente.
— ¿Encontraste zapatos? – preguntó intensamente Rosalie mientras trabajaban como si la respuesta fuera de vital importancia.
—Sí, son perfectos – dijo Alice con satisfacción
Miré a Rosalie en el espejo, cabeceaba como si un gran peso hubiera sido quitado de su cabeza.
—Tu pelo se ve bonito – me di cuenta. No como si no fuera siempre ideal, pero se lo había levantado esa tarde, creando una corona de suaves rizos dorados en su perfecta cabeza.
—Gracias – sonrió. Empezaron con el segundo set de rizadores.
—¿Qué crees del maquillaje? – preguntó Alice.
—Es un sufrimiento – dije. Me ignoraron.
—No necesita mucho, su cara se ve mejor sin nada – reflexionó Rosalie.
—Debe tener lápiz labial – decidió Alice.
—Y máscara y delineador – añadió Rosalie, – sólo un poco -.
Suspiré sonoramente. Alice se rió abiertamente.
—Sé paciente, Bella. Nos estamos divirtiendo -
—Bueno, mientras lo sigan haciendo – murmuré
Tenían todos los rizadores fijados fuerte e incómodamente en mi cabeza.
—Vamos a vestirnos -. La voz de Alice sonó emocionada por la anticipación. Salí con dificultad del baño con mi propio poder porque ella no me espero. A pesar de que me recogió luego y me llevó a la blanca habitación de Rosalie y Emmett. En la cama había un vestido. Azul Jacinto, por supuesto.
—¿Qué piensas? – gorjeó Alice.
Esa era una buena pregunta. Era suavemente frisado, aparentemente pensado para ser llevado muy bajo y de los hombros nacían unas largas mangas que se juntaban en las muñecas. El corpiño era escarpado. La tela color Jacinto y con pálidas flores se plisaba para formar una fina colmena bajando por el lado izquierdo. El material de las flores era largo en la espalda, pero en el frente se abría muchas veces en capas empotradas de suaves colmenas color jacinto, aligerándose en sombra a medida que alcanzaba la longitud inferior del dobladillo.
—Alice – dije casi llorando – ¡no puedo usar eso!-
— ¿Por qué? – exigió saber con voz dura
—¡Se ve toda la parte de arriba! –
—Esto va debajo – Rosalie tenía una mirada siniestra mientras sostenía una pálida ropa azul.
—¿Qué es eso? – pregunté llena de temor.
—Es un corsé, tontita – dijo Alice impacientemente. – Ahora, ¿te lo vas a poner o voy a tener que llamar a Jasper y decirle que te sostenga mientras lo hago yo? – me amenazándome.
—Se supone que eres mi amiga – la acusé
—Se amable, Bella – suspiró – no recuerdo cómo era ser humano y estoy tratando de tener algo de de diversión aquí. Además, es por tu propio bien -.
Me quejé y sonrojé mucho, pero eso no las detuvo de meterme en el vestido. Tenía que admitir que el corsé tenía sus ventajas.
—Wow – respiré mirando hacia abajo - tengo hendidura-
— Quién lo hubiera adivinado -, Alice rió en silencio complacida con su trabajo. Aunque, todavía no estaba completamente lista.
—¿No crees que este vestido es un poquito…no lo sé, pasado de moda…para Forks? -. Pregunté vacilante.
Creo que las palabras que buscas son “costura del siglo pasado” – rió Rosalie
—No es para Forks, es para Edward – insistió Alice – es exactamente eso -.
Luego me llevaron de vuelta al baño, sacándome los rizadores velozmente. Para mi estupor, cayeron cascadas de rizos. Rosalie hizo que la espesa melena de rizos se colocara de forma convexa en mi cabeza, y cayera por mi espalda.
Mientras trabajaba, Alice pintó rápidamente una delgada raya negra alrededor de cada ojo, las pestañas rizadas con rimel, y untó cuidadosamente un lápiz labial color rojo oscuro en mis labios. Luego se lanzaron hacia fuera del cuarto y regresaron prontamente con los zapatos.
—Perfecto – respiró Rosalie mientras Alice los sostenía para que fueran admirados.
Alice ató el zapato asesino con experiencia, y luego miró mi yeso con especulación en sus ojos.
—Supongo que hicimos lo que pudimos – sacudió su cabeza tristemente. – ¿No crees que Carlisle nos deje? – le echó un vistazo a Rosalie.
— Lo dudo – respondió Rosalie secamente. Alice suspiró.
Entonces, ambas juntaron sus cabezas animadas.
—Ha vuelto – . Sabía a quién se referían, y sentí vigorosas mariposas en mi estómago.
Él puede esperar. Todavía falta una cosa importante -, dijo firmemente Alice. Me levantó nuevamente, una necesidad, estaba segura de que no podía caminar en ese zapato, y me llevó a su cuarto, donde gentilmente me paró frente a su amplio, largo y dorado espejo.
—Ahí – dijo – ¿lo ves?
Me veía como una extraña en el espejo. Se veía muy alta en el alto zapato, con una delgada y larga línea agarrada al vestido para añadirla a la ilusión. El escote, captó mi atención de nuevo por su inusual e impresionante línea del busto, haciendo ver su cuello muy largo, mientras la columna de brillantes rizos caían por su espalda. El color jacinto de la fábrica era perfecto, recalcando el color rosa de vergüenza de sus mejillas en su cara color marfil. Era bonita, tenía que admitirlo.
—Bueno, Alice – sonreí – ya veo.
— No lo olvides – ordenó.
Me recogió de nuevo y me cargó a lo más alto de las escaleras.
—¡Voltéense y cierren los ojos! – ordenó a los que estaban en el primer piso – y quédense fuera de mi cabeza, no lo arruinen -.
Vaciló, bajando la escalera más despacio de lo usual hasta que pudo ver que él había obedecido. Luego voló el resto del camino. Edward soporto en la puerta, volteado de espaldas a nosotras, muy alto y de negro. Nunca lo había visto de negro antes. Alice me paró derecha, alisando la caída de mi vestido, poniendo un rizo en su lugar, y luego me dejó ahí yéndose a sentar al banco del piano para mirar. Rosalie la siguió para sentarse con ella en la audiencia.
—¿Puedo mirar? – su voz era intensa por la anticipación, hizo que mi corazón latiera de forma desigual.
— Sí…ahora- dirigió Alice
Volteó inmediatamente y luego se congeló en el lugar, sus ojos color topacio se abrieron. Pude sentir el calor arrastrándose por mi cuello para luego instalarse en mis mejillas. Él estaba muy hermoso; sentí una punzada del viejo temor, que solo fuera un sueño, imposible de ser real. Estaba usando un smoking, y parecía que estuviera en la pantalla de una película y no al lado mío. Seguí parada a su lado con incrédulamente intimidada.
Caminó lentamente hacia mí, respiró sin apartar la mirada, vacilando a un paso.
—Alice, Rosalie…gracias – Escuché a Alice reír con satisfacción.
Dio un paso adelante, puso una de sus frías manos bajo mi mandíbula y se detuvo para presionar sus labios contra mi cuello.
—Eres tú – murmuró contra mi piel. Se alejó y pude ver que en su otra mano habían flores blancas.
— Fresia – informó mientras las colocaba en mis rizos. – Es completamente redundante estar preocupado en lo que a fragancia se refiere, por supuesto -. Se inclinó hacia atrás para mirarme de nuevo. Me sonrió con su sonrisa para-corazones. – Estás absurdamente hermosa -.
—Te robaste mi línea -, mantuve la voz tan fina como pude – justo cuando me convenzo que eres real, apareces así y tengo miedo de que esté soñando de nuevo -.
Me llevó suavemente a sus brazos. Me sostuvo de cerca la cara mientras sus ojos quemaban a medida que me seguía acercando.
—¡Cuidado con el lápiz labial! – advirtió Alice.
Se rió rebeldemente, pero en cambio dejó caer su boca en el hueco encima de mi clavícula.
—¿Alguien va a decirme alguna vez cuál es la ocasión?
Él rió de nuevo, echando una mirada por sobre su hombro a sus hermanas. -¿No ha adivinado?
—No – rió tontamente Alice. Edward rió con gran alegría. Yo fruncí el ceño.
— ¿De qué me estoy perdiendo?
—No te preocupes, vas a averiguarlo muy pronto – me aseguró.
—Bájala, Edward, para que pueda tomar una foto –, Esme estaba bajando las escaleras con una cámara plateada en las manos.
—¿Fotos? – murmuré mientras él me paraba cuidadosamente en mi pie bueno tambaleante. Estaba teniendo un mal presentimiento de todo esto. – ¿Lo van a mostrar en una película? – pregunté sarcásticamente.
Edward me sonrió abiertamente.
Esme tomó varias fotos de nosotros, hasta que Edward insistió riendo que llegaríamos tarde.
—Nos veremos ahí – dijo Alice mientras él me cargaba a través de la puerta.
— ¿Alice va a estar ahí?¿donde quiera que sea? – me sentí un poco mejor.
—Y Jasper, y Emmett, y Rosalie –
Mi frente se arrugó por la concentración mientras trataba de deducir el secreto. Edward rió disimuladamente ante mi expresión.
—Bella – llamó Esme – tu padre está en el teléfono.
— ¿Charlie? – preguntamos simultáneamente Edward y yo. Esme me trajo el teléfono, cuando trató de pasármelo a mí, él se lo arrebató sosteniéndome fuertemente con un brazo.
—¡Hey! – protesté, pero él ya estaba hablando.
—¿Charlie? Soy yo. ¿Pasa algo malo? – sonaba preocupado. Mi cara palideció. Pero luego su expresión cambio a una de diversión y repentina maldad.
—Dale el teléfono, Charlie…déjame hablar con él – lo que sea que estuviera pasando, Edward estaba divirtiéndose mucho para que Charlie estuviera en peligro. Me relajé un poco.
—Hola, Tyler, soy Edward Cullen -, su voz sonaba amigable, al menos en apariencia. Yo le conocía bastante bien para captar el leve rastro de amenaza. ¿Qué hacía Tyler en mi casa? La terrible verdad cayó de a poco en mí.
—Lamentó si ha habido alguna clase de malentendido, pero Bella no está disponible esta noche -. El tono de Edward cambió, y la amenaza en su voz se hizo de pronto mucho más evidente a medida que continuaba. – Para ser perfectamente honesto, no va a estar disponible ninguna noche para nadie más que no sea yo. No te ofendas. Lamento lo de tu noche -. Sonó como si no lo sintiera en absoluto. Y luego cerró el teléfono de golpe mientras una enorme sonrisa se extendía por su rostro.
—¡Me estás llevando al baile de fin de curso! – le acusé furiosa. Mi cara y cuello empezaron a enrojecer por el enojo. Pude sentir como las lágrimas producidas por la rabia llenaban mis ojos.
No estaba preparado para una reacción tan fuerte, eso estaba claro. Apretó sus labios y sus ojos se oscurecieron.
—No te pongas difícil, Bella.
— Bella, vamos todos – dijo de pronto animadamente por sobre mi hombro Alice.
—¿Por qué me están haciendo esto? – quise saber.
—Será divertido – Alice todavía estaba brillantemente optimista.
—Pero Edward se inclinó para murmurar en mi oído, su voz era de terciopelo y seria. – Eres humana solo una vez, Bella. Hazlo por mí -.
Entonces desató toda la fuerza de sus chamuscados ojos dorados en mí, apartando mi resistencia con su calidez.
—Bien – dije poniendo mala cara, incapaz de fulgurarlo con la mirada como efectivamente me hubiera gustado hacerlo, – voy a ir despacio. Pero vas a ver,- le previne enojada, – esta es la mala suerte por la que te has estado preocupando. Probablemente me rompa la otra pierna. ¡Mira este zapato! ¡es una trampa mortal! – levanté mi pierna buena para reforzar mi idea.
— Humm – miró atentamente mi pierna más tiempo del necesario, y luego miró a Alice con ojos brillantes, – de nuevo, gracias -.
—Van a llegar tarde donde Charlie – le recordó Esme.
—Bueno, vamos – me balanceó a través de la puerta.
—¿Charlie está al tanto de esto? – pregunté a través de mis dientes apretados.
—Por supuesto – sonrió abiertamente.
Estaba preocupada, así que no me di cuenta al principio. Estaba vagamente conciente de estar en un auto plateado, y asumí que era el Volvo. Pero entonces se inclinó tan bajo para sentarme que pensé que estaba sentada en el suelo.
—¿Qué es esto? – pregunté sorprendida por encontrarme en un espacio tan poco familiar. – ¿Dónde está el Volvo? –
— El Volvo es mi auto de todos los días – me dijo cuidadosa y aprehensivamente de que lanzara otro problema.
—¿Qué piensa Charlie? – sacudí mi cabeza con desaprobación mientras se subía y encendía el motor que ronroneó.
—Oh, la mayor parte de la población de Forks piensa que Carlisle es un ávido coleccionista de autos -. Aceleró a través del bosque directo a la carretera.
—¿Y no lo es?
—No, eso es más un hobby. Rosalie colecciona autos también, pero prefiere tontear alrededor con sus motores que manejarlos. Hizo mucho trabajo en este para mí.
Aún me preguntaba por qué estábamos volviendo a casa de Charlie cuando nos estacionamos en la entrada. La luz del pórtico estaba encendida, a pesar de que no había llegado el crepúsculo. Charlie debe estar esperando, probablemente estaba echando una ojeada a través de las ventanas. Empecé a ruborizarme, preguntándome si la primera reacción de mi padre del vestido sería similar a la mía. Edward rodeó el auto, lentamente para él, para llegar a mi puerta, confirmando mis suposiciones de que Charlie estaba viendo.
Luego, a medida que Edward me sacaba cuidadosamente del pequeño auto, Charlie de forma poco habitual, salió, avanzando por el jardín para saludarnos. Mis mejillas empezaron a calentarse; Edward se dio cuenta y me miró de manera inquisidora. Pero no necesitaba preocuparme, Charlie no me había visto.
—¿Es eso un Aston Martin? – le preguntó a Edward con voz reverente.
— Sí, el Vanquish – las esquinas de su boca se curvaron, pero lo controló. Charlie liberó un bajo silbido.
—¿Quieres probarlo? – Edward sostuvo la llave frente a sus ojos.
—Los ojos de Charlie finalmente dejaron el auto. Miró a Edward de forma incrédula, coloreado por una pequeña indirecta de esperanza.
—No – dijo, poco dispuesto – ¿Qué diría tu padre?
—A Carlisle no le importaría – dijo sinceramente Edward riendo – Adelante -. Dejó las llaves en la dispuesta mano de Charlie.
—Bueno, solo una vuelta rápida…- Charlie ya estaba acariciando el parachoques con una mano. Edward me ayudó en mi dificultoso caminar a la puerta principal, me tomó en sus brazos tan pronto estuvimos dentro, y me llevó a la cocina.
—Eso salió bien – dije. – No tuvo la oportunidad de horrorizarse por el vestido -.
—Edward parpadeó. – Yo no pienso eso -, admitió. Sus ojos recorrieron mi vestido de nuevo con expresión crítica. – Supongo que es una buena idea que no hayamos llevado la camioneta, clásica o no -.
Desvié la mirada de su cara de mala gana, lo suficiente para darme cuenta que la cocina estaba inusualmente arreglada. Habían velas blancas en la mesa, muchas, quizás veinte o treinta. La vieja mesa estaba adornada por un largo mantel blanco, como también dos sillas. – ¿Es esto en lo que estuviste trabajando hoy? -.
No, esto solo tomó medio segundo. Fue la comida lo que me tomó todo el día. Sé cómo encuentras el estilo de los restaurantes de moda, no es que aquí hayan muchas opciones que caigan en esa categoría, pero decidí que no podrías quejarte siendo tu propia cocina -.
Me sentó en una de las blancas sillas envueltas, y empezó a montar cosas fuera del refrigerador y el freezer. Me di cuenta de que solo había cubiertos para una sola persona.
—¿No vas a alimentar a Charlie también? Está obligado a venir a casa eventualmente.
— Charlie no puede dar ningún otro mordisco, ¿quién crees que fue el que probó todo? Tenía que estar seguro que todo esto era comestible -. Puso un plato frente a mí, lleno de cosas que se veían bastante comestibles. Suspiré.
—¿Sigues enojada? – tomó la otra silla y la llevó alrededor de la mesa para poder sentarse junto a mí.
—No. Bueno, sí, pero no en este momento. Solo estaba pensado; ahí va, la única cosa que puedo hacer mejor que tú. Esto se ve increíble -. Suspiré de nuevo.
Él rió en silencio. – No lo has probado aún, sé optimista, quizás este horrible -.
Di un mordisco, hice una pausa, e hice una cara.
—¿Está horrible? – preguntó en shock.
— No, está fabuloso naturalmente.
—Eso es un alivio,- sonrió, tan guapo. – No te preocupes, todavía hay muchas cosas en las que eres mejor -.
—Nombra siquiera una.
No contestó a la primera, solo hizo correr de forma delicada su frío dedo a lo largo de la línea de mi mandíbula, sosteniendo mi mirada fija con ojos sofocados, hasta que sentí mi piel quemarse y enrojecer.
—Eso es, – murmuró, tocando el sector carmesí de mi mejilla. – Nunca he visto a nadie ruborizarse tan bien como tú -.
— Genial,- fruncí el ceño. – Reacciones involuntarias, algo de lo que puedo estar orgullosa -.
—También eres la persona más valiente que conozco.
—¿Valiente? – mofé.
—Pasas todo tu tiempo libre en compañía de vampiros; eso pone nerviosas a las personas. Y tú no vacilas al arriesgarte a estar cerca de mis dientes…-
Sacudí mi cabeza. – Sabía que no se te ocurriría algo -.
Rió. – Es en serio, sabes. Pero no importa. Come -. Tomó el tenedor por mí, impaciente, y empezó a alimentarme. Por supuesto, la comida estaba perfecta.
Charlie llegó a casa cuando casi había terminado. Observé su cara cuidadosamente, pero estaba de suerte, estaba demasiado mareado por el auto para darse cuenta cómo estaba vestida. Le devolvió las llaves a Edward.
—Gracias, Edward, – sonrió como en un sueño. – Ese sí que es un auto -.
— De nada -.
—¿Cómo salió todo? – Charlie miró mi plato vacío.
—Perfecto – suspiré.
—Sabes, Bella, deberías dejar que practique cocinando para nosotros de nuevo alguna vez -. Insinuó.
—Le di a Edward una mirada siniestra. – Estoy segura que lo hará, papá -.
No fue hasta que estábamos saliendo por la puerta que Charlie despertó completamente. Edward tenía su brazo alrededor de mi cintura, para soportar mi cuerpo y nuestro balance, mientras caminaba dificultosamente con el inestable zapato.
—Um, te ves…muy crecida, Bella -. Pude escuchar el comienzo de su preparación paternal de desaprobación.
— Alice me vistió. No pude opinar mucho.
Edward rió tan bajo que solo yo lo pude oír.
—Bueno, si Alice…- perdió el hilo de lo que iba a decir, de algún modo calmado. – Te ves bonita, Bella -. Hizo una pausa y pude ver un destello astuto en sus ojos. – Así que, ¿debería esperar a que algún otro joven en smoking se aparezca por aquí? -.
Yo gemí y Edward rió disimuladamente. No pude comprender como alguien podía ser tan obvio como Tyler. No era como si yo y Edward fuéramos disimulados en la escuela. Llegábamos y nos íbamos juntos, me llevaba a todas mis clases, me sentaba con él y su familia todos los días al almuerzo, y tampoco era tímido respecto a besarme en frente de testigos. Tyler claramente necesitaba ayuda profesional.
—Eso espero – Edward le sonrío abiertamente a mi papá. – Hay un refrigerador lleno de restos, diles que se ayuden a sí mismos.
— No lo creo, esos son míos – murmuró Charlie.
—Toma los nombres por mí, Charlie – probablemente el rastro de amenaza en su voz era solo audible para mí.
—¡Oh, basta! – ordené.
Agradecida, llegamos finalmente al auto y nos fuimos.
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